Delicias, Chihuahua- Agricultores de Estados Unidos acusaron al estado
de Chihuahua de robarles el agua que les corresponde de acuerdo con el tratado
binacional en la materia, firmado en 1944.
México debe pagar una cuota anual del líquido a su país vecino, pero el
compromiso no ha sido cumplido y a la fecha el adeudo acumulado durante décadas
alcanza miles de millones de galones.
El grado de la disputa es tal, que ha llegado hasta las altas esferas de
gobierno en la ciudad de México y en Washington. De hecho, los presidentes
George W. Bush y Vicente Fox tienen programado abordar el tema en la ciudad de
Monterrey, donde se reunirán esta semana luego de participar en la conferencia
internacional de las Naciones Unidas que actualmente se lleva a cabo.
Mientras el gobierno mexicano atribuye a la sequía el que la deuda con la Unión
Americana no haya sido aún saldada, los campesinos tejanos afirman que
específicamente los agricultores de Chihuahua han acaparado grandes reservas,
que usan en sus "fértiles tierras".
Y mientras México asegura que no ha pagado debido a la sequía,
campesinos de Texas acusan a sus contrapartes chihuahuenses de acaparar grandes
reservas.
"El problema es que han convertido el desierto en un oasis con nuestra
agua", dijo Wayne Halbert, administrador distrital de recursos hidráulicos
de Harlingen, luego de hacer un recorrido por la región agrícola chihuahuense
el año pasado.
Los campesinos del sur de Texas, que por su lado sufren su propia sequía,
claman por agua. Sin ella, dicen, la economía agrícola del Valle del Río Grande
podría venirse abajo en vista de que las cosechas de primavera están en peligro
de perderse por la sequedad del suelo.
La falta de agua ha costado a la región del Valle, que abarca cuatro condados,
casi mil millones de dólares en pérdidas y efectos económicos afines a lo largo
de la última década, según las estadísticas que arrojó un estudio realizado por
John Robinson, economista del Servicio de Agricultura de la Universidad A&M
de Texas en Weslaco.
Los productores han optado por convertir miles de acres en lugares de cultivos
de productos de tierra seca, como el sorgo, grano de bajo rendimiento.
"Necesitamos agua para junio de este año", declaró Carlos Ramírez,
designado por el presidente Bush como titular federal de la Comisión
Internacional de Límites y Aguas. "Entendemos que sus reservas no están al
100 por ciento, pero también sabemos que México cuenta con suficiente agua para
cubrir sus propias necesidades y pagar parte de la deuda".
Las autoridades mexicanas insisten en que la sequía les ha negado el líquido
suficiente para cubrir sus propias necesidades, mucho menos las de los
agricultores estadounidenses.
"Ningún punto del tratado dice que en tiempos de sequía México deba dejar
de consumir su parte del agua y dársela a Estados Unidos", sentenció el
negociador mexicano para el diferendo Alberto Szekely.
La disputa por los derechos de un recurso escaso en una región fronteriza de
acelerado crecimiento se ha convertido en una prueba para la diplimacia
estadounidense hacia México.
"Es probablemente uno de los temas más difíciles que tenemos ahora en
nuestra relación. Difícil porque aparentemente no existe una solución
viable", manifestó Dennis Linskey, coordinador del Departamento de Estado
para asuntos fronterizos mexicanos.
El tratado de 1944 estipula que México proveerá a los Estados Unidos un tercio
del agua que fluya de seis tributarios del Río Bravo, o un mínimo de 350 mil
pies-acre por año (un pie-acre de agua cubre un área de un acre a una
profundidad de un pie, y equivale a 325 mil 851 galones).
A cambio, Estados Unidos deberá entregar a México al menos 1.5 millones de pies-acre
por año del Río Colorado, que fluye a México desde Arizona.
Estados Unidos ha cumplido con su parte del tratado desde 1950, mientras que
México ha acumulado un déficit de 1.4 millones de pies-acre, es decir más agua
de la que se necesitaría para llenar los lagos Travis y Austin juntos.
El origen del conflicto...
y las excusas
Bajo los profundos cañones de la Sierra Tarahumara, una serie de reservas
contienen un recurso vital para dos naciones: agua.
En Chihuahua, el agua del Río Conchos y los afluentes que lo alimentan
transforman las tierras áridas en verdes campos de alfalfa, melón y chile.
A unos 960 kilómetros de distancia al norte, en el Valle Bajo del Río Grande
(Bravo), Texas, esa misma agua es codiciada como principal fuente de irrigación
de 40 cultivos, entre otros, miles de acres de cítricos y caña de azúcar.
El Río Bravo, un caudal de vida en medio de vastas extensiones desérticas en el
sur de Texas y el norte de México, conecta a dos regiones agrícolas en plena
expansión.
El Bravo no es más que un arroyo a la hora que llega a El Paso y hasta el
Parque Nacional de Big Bend, pero en la confluencia del Conchos, cerca de
Presidio, el Río Bravo se quintuplica, o así lo hacía al menos hasta hace poco.
Hace diez años, cuando el flujo del Conchos empezó a menguar, los agricultores
del sur de Texas no tardaron en notarlo. Acusaron a México de robarles el agua
que, dijeron, les pertenece por derecho bajo un tratado firmado por ambas
naciones en 1944.
El gobierno de México reconoce tener una deuda pendiente pero dice que el
tratado le da una válvula de escape: en caso de una "sequía
extraordinaria", se le excusa de hacer entregas inmediatas de agua.
Ambas parte difieren sobre qué constituye una sequía extraordinaria, concepto
que no está definido en el tratado.
La disputa fue ventilada en una reunión entre los presidentes Bush y Fox el año
pasado, en la que México acordó pagar una parte de la deuda. Finalmente entregó
sólo la mitad de lo que prometió, lo suficiente para cubrir sus obligaciones bajo
el tratado para un año. El plan se basaba en un pronóstico de precipitaciones
para el lado mexicano del Bravo, el cual nunca se cumplió.
El Conchos no es el único río que fluye al Río Bravo, pero históricamente es el
más caudaloso. Contribuye, en un año promedio, aproximadamente un 38 por ciento
de toda el agua reunida en las presas del Bravo. Representa el 56 por ciento de
toda el agua que fluye de los tributarios mexicanos, y es precisamente aquí que
Estados Unidos viene a buscar el agua.
Las aguas del Conchos provienen de los altos pinares de la Sierra Tarahumara, y
recorren la vastedad del desierto chihuahuense, cortando cañones de cientos de
pies de profundidad en su curso hacia la frontera.
En el camino, presas y canales desvían parte del agua a campos agrícolas,
granjas productoras de leche y sembradíos de verduras, en algunos casos las
mismas que se cultivan en Texas.
El sector agrícola de Chihuahua, totalmente dependiente de la irrigación y
ubicada en una región que promedia apenas 14 pulgadas de precipitaciones al
año, creció en los sesenta y setenta cuando lluvias persistentes mantuvieron
las presas llenas.
En aquellos años, las lluvias eran tan abundantes que México nunca se tuvo que
preocupar de cumplir sus obligaciones bajo el tratado. La naturaleza se hizo
cargo de todo. En ocasiones, Estados Unidos recibió más de lo que tenía
derecho. Luego vino la sequía.
Los años sin lluvia
Las autoridades mexicanas atribuyen su incapacidad de pagar el agua a la falta
de lluvias en la región. El año pasado, las precipitaciones fueron de apenas 8
pulgadas y media en la cuenca del Conchos, es decir un 40 por ciento debajo de
lo normal.
Otros año fueron mucho mejores, habiendo promediado 14 pulgadas y media en
1996, ligeramente arriba del nivel normal.
En total, el volumen de precipitaciones en la cuenca del Conchos durante los
últimos nueve años ha sido un 83 por ciento de lo normal, de acuerdo con las
cifras de la Comisión Nacional del Agua (México). Los agricultores del Valle
Bajo, junto con autoridades norteamericanas, esgrimen dichas cifras para
argumentar que México no ha enfrentado una sequía extraordinaria que le hubiera
impedido abonar su deuda de agua.
"No han hecho un intento por administrar su agua ni por cumplir el
tratado", señaló Robert Brandes, hidrólogo de Austin y autor de un informe
en abril de 2000 sobre el consumo del agua en la cuenca del Río Conchos. El
estudio fue comisionado por el Consejo de Desarrollo Económico del Valle Bajo
del Río Grande, en el que participan agricultores.
En vez de entregar agua a Estados Unidos, "todo lo que hicieron fue hacer
de Delicias un vergel en 1997", denunció.
De hecho, el administrador de recursos hidráulicos de Delicias exhibió gráficas
que muestran la existencia de grandes reservas de agua en 1996 en las presas de
la Boquilla y Francisco I. Madero, las cuales abastecen a los campesinos de
Delicias. Los responsables de la administración y agricultores se reunieron en
octubre de 1996 y decidieron, con aprobación federal, que aumentarían la irrigación
porque había agua suficiente.
"Hubo uso y abuso en otros años, nadie lo niega", expuso Szekely.
"México reconoce que necesitamos una administración sustenable de este
recurso. Está claro que los tiempos de abundancia ya terminaron".
México entregó su porción reglamentaria de agua a los Estados Unidos en los
últimos dos años, pero hizo muy poco por solventar su deuda. A los funcionarios
mexicanos les molesta lo que perciben como ingratitud de sus contrapartes
estadounidenses.
"En el peor año de sequía hasta la fecha, hubo una gran contribución de
parte de México. Eso nadie lo menciona. Los campesinos mexicanos tuvieron que
hacer grandes sacrificios", planteó Szekely.
Un diluvio de planes
Actualmente, los niveles de agua en las presas mexicanas son demasiado bajos
para cubrir la deuda, coinciden en señalar ambas partes. Las reservas de
Chihuahua están a sólo un 28 por ciento de su capacidad.
Pero en una serie de reuniones realizadas en las últimas semanas, los
administradores de los recursos acuíferos de los dos países han estado tratando
de redactar propuestas que pudieran revisar Bush y Fox esta semana en
Monterrey. En la última reunión, celebrada el viernes en El Paso, no se llegó a
ningún acuerdo estimable.
Pocos agricultores tejanos creen en una solución a corto plazo, lo
suficientemente pronto para rescatar los cultivos de esta temporada.
Mientras discuten en fondas tex-mex, los agricultores tejanos proponen, medio
en broma, enviar aviones de caza F-16 a abrir agujeros en las presas
chihuahuenses para liberar lo que queda de agua.
En México, los campesinos no pueden creer cuando se les dice que sus similares
del otro lado de la frontera, dotados de mejor aseguranza y redes de seguridad
federal, estén pidiendo agua.
"De dónde vamos a sacar agua para ustedes? Ni
siquiera tenemos suficiente para nosotros. La gente se está llendo por
eso", dice Leonardo Jáquez, un viejo campesino.
La batalla por conservar el agua
Más allá de atender las demandas de los agricultores, muchos piensan que el
pleito por el agua llevará a la creación de un nuevo plan de administración de
los recursos hidráulicos del afluente que sustenta el dinámico crecimiento de
una población de 4.9 millones de personas.
Ambas partes coinciden en que sus sistemas de irrigación, que utilizan del 85
al 90 por ciento del agua de la cuenca del Bravo, son anticuados y
derrochadores.
Se calcula que algunas presas mexicanas pierden hasta el 40 por ciento de su
contenido antes de llegar a los campesinos. Los canales de irrigación en el
Valle Bajo tienen décadas de antigüedad y su cubierta de concreto está
resentida; otras están obstruidas por toneladas de tierra.